COMENTARIOS DE SU OBRA: Parecería innecesario hablar o escribir sobre la
música, usar mecanismos que describan con palabras lo que sólo
es posible de comprender con el oído ... y con el corazón.
Históricamente el modelo uruguayo quiso verse a través de sus referentes europeos a contracara de su integración americana, ocultando hacia el exterior todo rasgo que la uniera a un pasado con lo indígena o la negritud. Sin embargo, nuestra cultura hoy se encuentra en un proceso de revaloración del pasado, de negociación y disputas simbólicas sobre esas huellas en busca de una tradición y un proyecto futuro, que constituyen las bases de cualquier proyecto de identidad y reposicionamiento en un mundo globalizado. Por esta razón hablamos de “culturas”, atendiendo así a una diversidad de propuestas que conviven y se manifiestan en nuestro país en las vertientes de la plástica, la arquitectura, la gastronomía, la religiosidad, las modas y por supuesto en la música: rock, salsa, funk, jazz, tango, murga y candombe. En este contexto de fines de los ochenta, surge la figura de Jorge Schellemberg como un músico identificado fundamentalmente con la música ciudadana, perteneciente a lo que se llamó el “Candombe Beat”; esto es, una de las corrientes musicales que ha tenido (y tiene) mayor presencia en nuestro medio, lo que también significa un número considerable de adeptos. Este Candombe Beat surgió hace más de cuatro décadas intentando un estilo que se identifique a primera vista con la música uruguaya y que reúna lo mejor del jazz, el rock o el pop. La matriz original del candombe proviene del acervo ancestral africano (bantú), y refiere a los bailes al son de tambores de negros esclavos traídos a nuestras tierras, que constituyeron una manifestación de evocación ritual de su raza. A pesar de la desaparición progresiva de los afro-uruguayos a lo largo de estos siglos, el candombe se mantuvo y últimamente ha experimentado una explosión que ya no se circunscribe a las noches de carnaval ni al barrio sur, sino que se encuentra en muchos barrios montevideanos, pasea por las esquinas y reúne adeptos negros y blancos en torno a fogatas y sones. Precursores como Pedro Ferreira, Manolo Guardia y Georges
Roos constituyeron los primeros exploradores del mix de este |